quinta-feira, 15 de outubro de 2009

pepe



Una pareja aficionada a la huerta, el tango y el Quijote
La historia de Lucía Topolansky y José Mujica se escapa de "lo tradicional". No se conocieron en ningún baile, ni reunión y no tuvieron siquiera una etapa de noviazgo. Sus vidas se cruzaron en medio de "la velocidad que implica la militancia política".
La senadora del MPP y el candidato presidencial del Frente Amplio comenzaron su relación de pareja en 1972, en la clandestinidad de la guerrilla, "aunque esto no signifique menos poesía", como ella se encarga de subrayar.
Una vez que salieron de prisión, en 1985, se instalaron en una chacra en Rincón del Cerro -"Pueblada", donde viven actualmente- y se dedicaron al cultivo de flores, un oficio que Mujica había aprendido de su madre en la niñez y que él mismo enseñó a Lucía. En su juventud el líder de la coalición de izquierda había trabajado de florista. Hoy, en la chacra, la pareja planta y cosecha hortalizas y tomates, tareas que Mujica también aprendió de su familia, en este caso de sus abuelos, quienes vivían en Carmelo.
Pese a su actividad política, Mujica aún prosigue sus labores en la chacra, "como una forma de aflojar la tensión y hacer terapia", explica su esposa.
LIBROS Y BICICLETA. Lucía Topolansky define a su marido como un "paisano politizado y culto con una gran admiración por la ciencia, el conocimiento y la cultura". Una de sus pasiones es la lectura, hobbie que genera una sobrepoblación de libros en las bibliotecas, que ella todos los años se encarga de limpiar, aunque sin suerte porque a los pocos meses están desbordadas de nuevo. Uno de los ejemplares que siempre permanece es El Quijote, que para Mujica constituye una "imagen fantástica porque es el principio de la utopía".
En las madrugadas, la lectura oficia muchas veces como canción de cuna. Mujica suele desvelarse y para recomponer el sueño se prepara un té y lee una hora. Una vez terminado el ritual vuelve a la cama y misión cumplida. "Cuando uno se pone viejo, cambia el sueño, pero además es la hora en que más le rinde la lectura porque no suena el teléfono y no hay interrupciones", dice Lucía.
El timbrazo del despertador a las 6 de la mañana se encarga de romper el silencio en la chacra. Mujica prepara el mate y lo ceba para los dos, desayunan y si tienen tiempo lo dedican a hacer ejercicio, emprendiendo caminatas o bicicleteadas por el barrio.
La afición por la bicicleta es otra herencia de su juventud. A los 18 años y con mucho esfuerzo se compró su primera bicicleta, una Peugeot que todavía conserva, y con la que corrió varias veces por el Club Tompkinson.
Para romper la rutina, las mañanas de los domingos suelen estar dedicadas a la música. El tango es lo que más se escucha, cuando Atahualpa Yupanqui, por iniciativa del jefe de casa, no le roba algunos minutos. Mientras, Lucía cocina. "Pepe no es bueno para eso".
Como buen descendiente de italianos, "le gusta la pasta y la pizza. Y como buen uruguayo le gusta la carne. Ahora hemos incorporado el pescado en la dieta, porque a uno se lo recomiendan".
CRISIS DE ABUELOS. Ella no lo tenía planeado, pero un día después de muchos años de convivencia, él le propuso casamiento. El 8 de octubre de 2005 lo celebraron en su chacra ante un juez y dos parejas de vecinos. "Una formalidad que quiso Pepe, porque un papel no cambia nada. Si nosotros hubiéramos tenido hijos hubiera sido distinto".
En lo que sí están de acuerdo es en que ser padres hubiera constituido otra aventura, "pero las condiciones de vida antes de estar detenidos no lo habilitaba, después vinieron los años de cárcel y luego no se dio". No obstante, siempre están rodeados de niños porque las tres familias que viven en la chacra tienen hijos.
"Yo no sé explicar el fenómeno que se da entre Pepe y los niños, que lo adoran. Ven a Pepe como un abuelo", subraya Lucía. Quizás tenga razón él cuando dice que "hoy asistimos a una crisis de abuelos". Los niños "no tienen tantas vivencias con sus abuelos", asegura.
Según su esposa, el lenguaje llano y su estilo descontracturado fomentan esta admiración, que a la vez se ve alimentada por el poder de la televisión. "Capaz que lo ven como un personaje de la ficción que se lo encuentran en la realidad".
VESTIDO DE TRAJE. "¡Ah! Quedó de lo más elegante, con pinta. Quedó lindo", exclama Lucía cuando se le pregunta la impresión que le causó Mujica vestido de traje. Acostumbrada a su estilo más informal señala que "La gente que está en la organización de la campaña se lo planteó y no pasa nada. Si se precisa cierto protocolo hay que cumplirlo, la ropa no cambia en nada la esencia".
Sobre la pareja, Lucía señala: "Somos bien distintos pero complementarios. Los vínculos de pareja están hechos de arte y de consensuar, porque no hay nadie que coincida con otro de la A a la Z".
Y agrega: "Cuando uno comprende que esta vida es la única que uno tiene para vivir, la verdad que perder el tiempo en discusiones es tremendo".

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